lunes, 6 de febrero de 2017

¿Diálogo Presidencial o publicidad electoral? 



El día domingo 5 de febrero el país esperó y presenció el llamado “Diálogo Presidencial 2017”, al término de dos horas la decisión electoral de la sociedad ecuatoriana debe haber quedada más incierta e indiferente que antes del evento.


Vamos aclarando conceptos que nos ayuden a entender este malogrado evento   político.

Se puso énfasis en que no era un debate, sino un diálogo, supongo para decir que no se permitiría disputas y menos agresiones entre los candidatos.

Cuál es la diferencia entre debate y diálogo?

En términos generales no mucha, en los dos casos los conceptos se refieren al acto de comunicación entre dos o más personas para exponer sus ideas y los argumentos que las sustenten,  sobre un tema común y de interés para todos los participantes. La razón de este acto es que los distintos actores puedan conocer las posturas que tienen sobre el tema en cuestión, sobre la base de exponer de manera clara, comprensible y argumentada. Se supone que este ejercicio de comunicación racional permite que en el intercambio se transformen o se afirmen las opiniones de los participantes. Sin embargo independientemente de esto, el acto de comunicación siempre afirma la razón humana que le humaniza.

Quizá una posible pequeña diferencia sea que el debate parece suponer que las ideas de los participantes son diferentes, aunque de hecho esta diferencia es un principio del diálogo, pues difícilmente se intercambia ideas iguales. Podría ser que el debate suponga no solo ideas diferentes, sino antagónicas que buscan ser expuestas de manera directa para el conocimiento de los otros. El diálogo por su parte pone peso en que este intercambio de opiniones permita a sus participantes llegar a acuerdos sobre el tema que se conversa.    

En atención a lo dicho y en referencia al  “Diálogo Presidencial”, el país esperaba  escuchar a los candidatos exponer sus ideas en torno a su propuesta de  programa de gobierno de manera clara, es decir entendible, verosímil y honesta, que son las premisas básicas del diálogo. Sin embargo lo que se observó es mucha opacidad en las intervenciones, un alto nivel de demagogia que obviamente hizo de sus ideas algo inverosímil, como aquello de viviendas gratis para los pobres, el millón de empleos, todo se resuelve con la ternura, acabar con los impuestos, subir el bono de desarrollo humano a 150 dólares, y todos las demás ofertas de campaña que se oyen en lo spots publicitarios y que fueron repetidas por los candidatos. Como es obvio la demagogia no requiere ni permite ningún argumento que sostenga las falsas ofertas, por lo tanto las intervenciones de los candidato carecieron de argumentos, lo cual hizo del acto algo no solo aburrido sino insustancial.   

En un diálogo los participantes tienen que reconocerse como sujetos diálogo, es decir reconocer la legitimidad de la opinión del otro, lo cual lleva a que se escuche, que ciertamente se escuchen y que no hagan como que se escuchan.  En la medida en que los actores de un diálogo se oyen hay entendimiento intersubjetivo y mayor claridad en el tema que se trata. Lo que el país observó la noche del domingo fueron ocho políticos respondiendo a las preguntas del entrevistador, pues como no había diálogo no había moderador. Cada uno respondía desde lo que sus tiendas políticas habían preparado sin importar lo que el otro candidato decía, solo repetían cada uno su libreto y punto. Encerrados en sus verdad política, que no es otra que ganar votos, fueron ocho monólogos con tiempo controlado.

No hubo ideas, sino propaganda; por lo tanto no hubo intercambio de ideas y menos aún confrontación de las mismas en  base a argumentos, en base a razones que permitan a la sociedad hacerse una idea medianamente clara de lo que cada candidato propone al país.

Los candidatos siguen hablando para ellos mismos encerrados en su pequeña caja electoral. Solo quieren ganar las elecciones y la sociedad no sabe para qué. Si nos ubicamos en las circunstancias  actuales y mediatas del país ninguna de las propuestas retóricas que hacen los presidenciables es viable y, por lo tanto, lo que ofrecen no tiene sentido, con algunas propuesta puntuales, sin mucho  peso.

El candidato que más representa este autismo de la clase política es el candidato oficialista. Realmente parece que el Sr. Moreno ha perdido el principio de realidad, todo lo que dice no tienen absoluta coherencia con los 10 años en que ha participado del gobierno de A.PAIS. Cuando habla parece que representa a otra tienda política y que no ha sido gobierno por más de una década. Habla en contra de la corrupción como si su  gobierno no estuviese salpicado de corrupción hasta la cabeza, sobre todo su compañero de fórmula;  dice que va a quitar el IVA y las salvaguardias puesta por su gobierno; habla de diálogo cuando su gobierno lo destruyó y el nunca dijo nada sobre el asunto;  habla de ternura con los 10 años de intolerancia, humillación y abuso de poder del cual él participó o al menos fue cómplice.     

La sociedad quería saber que proponen los candidatos para tratar de resolver los problemas que el país enfrenta, sobre todo los económicos y  políticos. No hablaron de ello, pues no hubo diálogo que les permita reconocer las dificultades que como sociedad enfrentamos y luego establecer acciones ciertas y posibles para intentar solucionarlas.  

Después del “Diálogo presidencial” creo que nos quedó un mal sabor político y una desazón social y la confirmación que los políticos oficiales son sordos y les encanta esa sordera.


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