martes, 20 de diciembre de 2016

¡¡¡Que estafa política, ética y religiosa ¡¡¡¡






Una de las incongruencias éticas que caracteriza al Presidente, y por él a todo el gobierno de Alianza País,  es su ostensible catolicismo despojado de  todo rasgo cristiano.  El presidente se ha jactado de ser un católico convencido de las normas de la  institución religiosa, tanto que ha sido capaz de involucrar su filiación religiosa en la política pública referida, principalmente, a los derechos sexuales y reproductivos de la población con su ultra conservador Plan Familia Ecuador.    

Hoy, en el mes del año que se conmemora uno de los símbolos del cristianismo, el mismo que se pude traducir como la consagración de aquel mandato fundamental que reza: Ama a tu prójimo como a ti mismo, Correa y su catolicismo curuchupa y conservador lo niega. La discusión teológica de “El amor al prójimo” hay que pensarla en la indagación y posición ética y filosófica sobre el Otro y, especialmente en relación a la justicia  que éste exige que se haga, que se ¡¡le haga¡¡.  Es esta la razón que explica porque el amor al prójimo en el cristianismo deviene en revolucionario.

El Otro exige justicia, esto es, demanda que se reconozca y respete su diferencia  trascendente, es decir su diferencia radical y no solo sus manifestaciones fenoménicas (vestido, costumbres, lenguaje, música, escritura,  etc.) Reconocerlo y aceptarlo en su diferencia radical es aceptar su ser y estar en el mundo, reconocer y aceptar su mundo de la vida, comprendiendo que éste no es únicamente sus representaciones simbólicas sino el territorio físico y subjetivo  que hacen posibles las mismas. Es en el terreno de su diferencia económica, política, social y simbólica, pero sobre todo de las dos primeras, donde el reconocimiento del Otro se vuelve justicia, deviene entonces en términos teológicos “amor al prójimo”.

El “amor al prójimo”, no es así una falsa compasión humanitaria que busca mantener al Otro a una distancia prudente que garantice que su diferencia no contamine la razón del Yo. Así, la hipocresía religiosa del católico de Carondelet quiere que los Otros (pueblos ancestrales y campesinos) acepten ser despojados de sus territorios (economía, sociedad, cultura) y sin reclamar en absoluto admitan agradecidos la caridad gubernamental de los campos de concentración llamados, eufemísticamente, Aldeas del Milenio. El catolicismo de Correa busca encerrar o expulsar a los Otros para que su Otredad no irrite al Estado, no cuestione la política de su gobierno, no ponga en peligro los negocios del capital extractivo. 
 
Toda la política del gobierno de PAIS, en relación a los pueblos ancestrales,  ha sido destruir su diferencia trascendental, a través de expulsarlos y despojarlos de sus territorios para, así, dejar libre el paso a la acumulación de capital vía extracción de recursos naturales. Solo y únicamente en sus territorios los pueblos ancestrales y campesinos pueden ser Otros, pueden-ser, fuera de ellos desaparecen en la generalidad y anonimato de la sociedad de los idénticos.  

Este católico de confesionario, que funge de presidente, ha mostrado estar carente del principio cristiano del amor al prójimo, no solo en su formalidad de respeto y aceptación del Otro, sino fundamentalmente en su acogimiento para hacer justicia histórica a siglos de saqueo, exclusión, explotación, humillación y sufrimiento. Al contrario de la ética cristiana, este católico curuchupa ha acentuado y ha afirmado  el desprecio, y por ello mismo el miedo, que tienen al Otro, al cual de cualquier forma quiere destruir para evitar su “peligrosa” proximidad. El miedo que tiene a la cercanía del “prójimo”, se debe al hecho de que éste amenaza su patológico narcisismo que exacerba no el amor que se tienen a sí mismo, sino el poco amor y confianza en su humanidad. Tanto ha sido el miedo y por lo tanto el poco amor al prójimo y así mismo del curuchupa de Carondelet que no ha hecho sino e gobierno atacando a los Otros diferentes que no se someten a su obscenidad mercantil. En estos 10’ años de gobierno ha usado todas las formas posibles de ataque con “el prójimo” (verbal, psicológico, político, social y militar) desde el ataque a Dayuma pasando por el perpetrado al pueblo Saraguro y hoy al pueblo Shuar y a los campesinos de la zona que defienden sus territorios, que el curuchupa dice que se ha vendido “legalmente”  a la minera  Ecuacorrientes.

Este Católico que seguro cumple el ritual de ir a misa, confesarse, santiguarse, no es en absoluto un cristiano ni un revolucionario.  Es, sí, un curuchupa que hace ostentación de su fe, como cuando recibió la Papa, y que sin embargo en el ejercicio de su función política odia, desprecia y violenta al “prójimo”.


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